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El tabú de ser feminista

Actualizado: hace 6 días

En la sección de rompiendo tabúes de nuestro podcast “De Mujer a Mujer”, Angie León habló de lo que implica para las mujeres nombrarse abiertamente “¡feministas!” A continuación les dejamos la transcripción de la sección y las invitamos a que dejen sus comentarios.

 

Estoy segura de que muchas de nosotras hemos recibido esa mirada de juicio cuando le decimos a otras personas que somos feministas, nos miran como bicho raro, por no decirlo de otra manera y esto hace que muchas nos limitemos a la hora de decir que somos feministas y optemos por ponerle otros nombres, “humanista”, “a favor de los derechos humanos y de las mujeres” y claro que soy todo esto, pero siempre damos un sin fin de vueltas para explicar en lo que creemos sin llamarlo por su nombre. Y es que detrás del “soy feminista” se esconde otro sin fin de temas que vuelven esta frase un tabú. Como por ejemplo la depilación, la menstruación, el placer sexual de las mujeres, la lactancia materna, el aborto e incluso el uso del sostén, la crianza o la falacia de que odiamos a los hombres.


Y no negaré que a mí también me pasaba, pero eso se debía a la falta de conocimiento sobre el tema. Aunque siempre pensé que el feminismo tenía algo de interesante en el fondo y que las mujeres que se declaraban feministas eran unas valientes, no había tenido el valor de ahondar en ese mundo ¡y no sabía de lo que me estaba perdiendo!


No me atrevía juzgar o criticar a las llamadas feministas, pero tampoco me atrevía a llamarme como ellas. Para mí era normal tener que pasar por todo lo que pasaba, el acoso, las relaciones abusivas, el autocontrol al momento de expresarme por miedo de ser tildada de loca, agresiva o impertinente. Crecemos y nos crían de una manera en la que nos hacen creer que es normal, que así es como debemos ser y así es como deben ser las cosas y salir de eso no es una tarea fácil. No es fácil reconocer que somos víctimas de un sistema, que tenemos el machismo interiorizado, que estamos en una relación abusiva, que el acoso callejero, en el trabajo o donde sea, no es normal, aunque las demás personas lo normalicen.


Pero cuando tomas la decisión, cuando te pones las “gafas violeta”, no hay vuelta atrás… el feminismo es una puerta a una libertad jamás imaginada, esto no quiere decir que tengas todo solucionado. Esto implica, como ya lo mencioné antes, miradas de juicio, miradas de descontento, de desaprobación, implica que te debes enfrentarte a comentarios irracionales, sin sentido, a preguntas capciosas, muchas con su toque de moralidad religiosa. Pero también implica un conocimiento más profundo del ser mujer, de nuestros cuerpos, de nuestros derechos, nos ayuda a perder el miedo de expresarnos y de ser nosotras mismas y nos muestra que no somos las únicas, que no estamos solas.


Cuando finalmente tomé la decisión de investigar sobre feminismo, descubrí que había vivido toda mi vida en un tipo de prisión, a pesar de considerar que era una mujer “libre” por trabajar, estudiar o tener una relación con la persona que quería, pero descubrí que esa “libertad” estaba limitada por lo políticamente correcto e incorrecto, por los prejuicios y los estereotipos, por eso hoy por hoy trato de que nada de eso me afecte y el feminismo me ayudó con eso. Me ayudó a descubrirme, a dejar de tener miedo de expresarme frente a las injusticias que vivo o que viven otras mujeres, decidí dejar de tener miedo al momento de expresar lo que siento y pienso, empecé a crear lazos más fuertes con otras mujeres y relaciones amorosas sanas y muchas cosas más, pero, sobre todo, dejé de tener temor de decir que “soy feminista”.


Ahora me gustaría invitarlas a que nos cuenten su experiencia con el feminismo, ¿qué les dio y que les quitó el ponerse las “gafas violeta”?


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